Bereczky Erzsébet (szerk.): Imre Madách: La Tragedia del Hombre. Ensayos sobre las di versas puestas en escena del drama (Budapest, 1987)

Gellért Endre: "Ah, lo oigo, el canto del porvenir"

en que nos complacemos? ¡Eh, fámulo! Tráeme vino, temblando estoy. ¡Este mundo está helado! ¡Yo lo inflamaré! ¡He ahí la tarea que sólo puede, en esta cobarde época, sacarme del fuego y estimularme! Refugiado en el mundo de los astros, en vez de la ciencia para su exclusivo regodeo, que un instante atrás era para él la única po­sibilidad de evasión, Kepler exclama así ante la mezquindad de la época: Que llegue el tiempo que al fin haga fundirse la indiferencia y la molicie y que henchido yo de una fuerza nueva, tenga el arrojo de lanzar en la Nada de los desechos veleidades, frivolidades y vejeces. Un tiempo que juzgue, exhorte o recompense y, si es necesario, que castigue severamente. Un tiempo que miedo no tenga a los grandes recursos ni a clamar por el vocablo soberano hasta el presente desterrado i Aunque para ello una mañana, esa palabra irresistible, formidable, precipitándose por la ruta del Destino como una avalancha, lo aplaste todo incluso a quien la hubiera lanzado! ¡Ah, ya lo oigo, el canto del porvenir! ¡Ya hallé la palabra prestigiosa, el talismán que va a rejuvenecerte, oh vieja tierra, bajo los cielos aterida! Kepler encuentra por si mismo la gran idea de la igualdad, fraternidad y libertad. Contra la voluntad de Lucifer. Kepler sueña la revolución. Más allá de las palabras escritas por Madách, lo prueba también el hecho de que en la escena de Paris Lucifer sólo 47

Next

/
Oldalképek
Tartalom