Bereczky Erzsébet (szerk.): Imre Madách: La Tragedia del Hombre. Ensayos sobre las di versas puestas en escena del drama (Budapest, 1987)

Gellért Endre: "Ah, lo oigo, el canto del porvenir"

tiene un papel secundario. No más que velar el sueño de Kepler. Teme dejar solo a Adán, pero no tiene oportunidad de intervenir en la marcha de la revolución con la misma actividad con que lo había hecho en los cuadros anteriores. Y Kepler, despierto del sueño, por primera y última vez no se decepciona de sus ideales: i Ah, qué cuadro sublime se me ofreció a la mirada! ¡Aquel que no ve el divino destello en el cieno y la sangre es un ciego! Parejamente sublimes eran el crimen y la virtud, ambos estaban marcados con el sello de la grandeza. ¿Por qué me desperté? Tal vez para que aún pero pueda aparecérseme la futilidad del presente siglo que sonríe sólo para ocultar sus vicios y de la rutina hace una virtud... Y después de la escena con el discípulo: Y a mí, ven a llevarme, oh oscuro espíritu ya que eres mi guía.......Llévame hacia el nuevo mundo feliz, que florecerá si de un gran hombre comprende el ideal y si, sobre los malditos escombros del pasado deja, libremente, expresarse el pensamiento. Adán cree en el desarrollo del mundo y quizás tampoco sea una casualidad que después de soñar la revolución — y no hay huellas de ello en parte alguna de la Tragedia, solamente aquí — llame a Lucifer espíritu oscuro. Acaso será porque tiene dudas respecto a la realidad total de los cuadros mostrados por él en el sueño? Los sueños proporcionados por Lucifer fueron todos desilusionantes, pero cuando Adán suena el porvenir por si mismo, sin la intervención de Lucifer, cuando suena con la revolución la toma por grande y sublime. Y lamenta el haber tenido que des­pertarse. 48

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