Bereczky Erzsébet (szerk.): Imre Madách: La Tragedia del Hombre. Ensayos sobre las di versas puestas en escena del drama (Budapest, 1987)

Gellért Endre: "Ah, lo oigo, el canto del porvenir"

un mundo nuevo en el que la flor suprema sea la virtud caballeresca..... Y Tancredo se decepciona de nuevo. Citemos su despedida de Bizancio: ¡Oh Lucifer, llévame hacia otra existencia! Las santas doctrinas por las cuales luché, mal comprendidas, sólo han engendrado desdicha y sufrimiento. Por la gloria del Senor se mata a los hombres..... ¡Se acabaron mis entusiasmos! Que el mundo, si quiere, corra a su ocaso; por mi parte renuncio a llevar el timón. Aunque el mundo se hunda lo veré con ojo indiferente.....Estoy extenuado, y quiero descansar. ¡Fuera de aquí! De nuevo, la amargura dolorosa del desen­gaño. La fuga de los problemas del mundo. La falta total de entusiasmo. La censura se ofrece aquí por si misma en la sucesión de imágenes del sueño. La dirección aprovecha esta posibilidad y separa Constantinopla de los cuadros siguientes con un entreacto. Kepler, que quiere dedicarse únicamente a si mismo y a la ciencia pura, y quien sin embargo, tiene que ganar haciendo horóscopos „el traje de su esposa de cada día”, se rebela contra la sociedad de su época: He deseado una época apacible en la que nadie piense en trastocar el orden establecido. ¡Pues bien, estoy metido en esta época! ¿Más que haría yo en ella, con esta alma en mí que, para mi tortura, el cielo me ha dado, que no puede soportar la quietud y la pereza 46

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