Bereczky Erzsébet (szerk.): Imre Madách: La Tragedia del Hombre. Ensayos sobre las di versas puestas en escena del drama (Budapest, 1987)
Dr. Antal Németh: Una vida al servicio de La Tragedia del Hombre
tradicional en teatros de ls ópera del extranjero. Lo conocía, por tanto, lo invité. Sabia expresar ilimitadamente todos los estados de ánimo y sentimientos, y era inigualable en la representación de lo demoníaco y macabro. No solamente creó la coreografía de la función, sino que bailó personalmente el papel de la Muerte en la escena de Londres, apareciendo en frac y sombrero de copa entre la multitud de la feria. Los grupos y los personajes de la feria se movían como autómatas y se tumbaban o se ponían rígidos a un solo gesto de la Muerte. Cada vez que durante su danza macabra se detenía ante un personaje, la música cesaba por un instante, éste recitaba sus dos versos y caía como fulminado por la muerte. Por ejemplo, la Muerte fue quien le compró a la niñita su último ramo de violetas. Tres monedas cayeron en su platito y nada más pronunciar: „Todo vendí, mis flores nuevas crecerán sobre mí aunque yo muera” - murió. Los siete personajes fueron presas de la muerte del mismo modo, en el marco de escenas - miniaturas de pantomima. Y entonces, la Muerte empezó a bailar su danza triunfal al compás de la música en fortissimo, entre los cadáveres que yacían en la feria de Londres, girando sin cesar, hasta divisar a la única figura viviente: Eva, cubierta por un velo, que al final de sus palabras le fué arrancado por una intensa luz blanca, para mostrar en su triunfante desnudez a la Mujer eterna, vencedora de la Muerte. Aquí, en la escena londinense, es donde Madách pudo mostrar de la manera más palpable el anverso y el reverso del programa de vida develado por Adán, la faceta positiva y negativa de la realización de un objetivo, pero esta dualidad del cuadro puede observarse también en cada uno de los cuadros históricos del drama. Algunos aspectos de la representación de 1937 me convencieron de que, mientras más sugestiva y efectiva fuera una solución escénica, más desviaba la atención del espectador del texto mismo. Así por ejemplo, el vuelo en el Espacio resultó demasiado bien: el público volaba, flotaba y volvía a precipitarse en la Tierra junto con Adán y durante esta inusitada vivencia teatral nadie prestaba atención al diálogo de importancia decisiva para el entendimiento de la obra. 40