Bereczky Erzsébet (szerk.): Imre Madách: La Tragedia del Hombre. Ensayos sobre las di versas puestas en escena del drama (Budapest, 1987)

György Lengyel: Dos montajes de La Tragedia del Hombre

quien „mantiene casi un contacto familiar con Adán, Caín y Noé”. Quiero mencionar aquí que, si dirigiera la obra hoy, la per­sona del Senor estaría presente en todos los cuadros, ora sólo como una figura más entre los presentes, ora menteniendo su papel efectivo. Pienso que su presencia intermitente ocasiona cierta confusión en el entendimiento de nuestra concepción. La figura de Lucifer es, tal vez, la que mayor número de interpretaciones ha tenido a lo largo de los montajes de cien años. Nosotros vimos en él al portador de la Luz y al mismo tiempo al simbolo de los límites de la razón. En su relación con Adán vimos la conexión Caín - Abel y en general, Lucifer fue para nosotros el representante de la razón, de la inteligencia, la sagacidad y nunca el portador de principios diabólicos. Al elaborar la marcha de la representación nuestro objetivo era mostrar la' obra como un todo, en su pleno conjunto. La división en micro-dramas para acentuar la veracidad de los distin­tos cuadros era totalmente ajena a nuestra concepción. En la representación de la multitud fue de gran ayuda para nosotros la música de fondo compuesta por el insigne Emil Petrovics, que evocaba efectos sonoros de los dramas orientales. Merced a su música, pudimos realizar nuestra concepción sobre la masa, que en vez de la declamación en coro o el exagerado naturalismo, puso en relieve su carácter de bloque homogéneo. En el otoño de 1982 tuve la oportunidad de montar la obra con un segundo elencny, a la vez, de reconsiderar y readaptar la puesta en escena. EPríuevo reparto se estrenó con una nueva escenografía y me parece que esta nueva versión expresa de manera más sugestiva el carácter onírico, el carácter de visión de la obra. De su carácter de misterio sólo hemos mantenido al Señor per­sonificado y la disposición de los ángeles. Su presencia en el Paraíso está justificada por la instrucción de Madách: Están abiertas las puertas del Cielo. En general puedo decir que con estos cambios toda la rep­resentación adquirió el carácter de una lucha más aguda, más dinámica. El día en que una puesta en escena alcance un tono más 70

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