Bereczky Erzsébet (szerk.): Imre Madách: La Tragedia del Hombre. Ensayos sobre las di versas puestas en escena del drama (Budapest, 1987)

György Lengyel: Dos montajes de La Tragedia del Hombre

polacos, y, en primer lugar, con Peer Gynt. El parangón con Peer Gynt fue para mi un buen punto de apoyo, pues el drama de Ibsen es una de las obras determinantes de mi carrera de director, y el descubrimiento de su parentesco con la Tragedia creó nuevos contactos personales entre el mundo filosófico del drama y yo. Adán y Peer encaman, por igual, el yo del poeta acongojado, lleno de dudas e interrogantes. Su temor a la pérdida de su personalidad integral y la conclusión dudosamente armónica del drama son dos ideas que guardan estrecha relación. La similitud de los dramas románticos polacos de la época, dramas que plantean una serie de interrogantes en medio de una profunda congoja me inspira particularmente desde que vi la magistral película de Andrzej Wajda, Nupcias. Reflejar la época de Madách y el cambio de épocas del drama son problemas que me siguen interesando aún hoy y que se encuentran todavía pen­dientes de solución. La otra vía, el mundo ritual, los motivos del misterio, tienen grandes tradiciones en la historia de la Tragedia en el teatro. En mi puesta en escena de 1981 intenté unificar, sintetizar ambas concepciones. Sin lugar a dudas, según observara un crítico, „los diferentes estratos se sobreponían a munudo y por tanto, se neutralizaban”. Creo que la contradicción fundamental de la primera versión de mi puesta en escena estribaba, precisamente, en esta concepción sobrecargada de múltiples aspiraciones. El otro problema son las dificultades antes mencionadas del estilo inter­pretativo, las de encontrar los gestos y el tono adecuado de la concepción que ambiciona una renovación del contenido espiritual, lo cual produjo los conflictos más atormentadores de la creación y para el creador. El resultado, es decir, el estreno celebrado en enero de 1981, pienso que fue una mezcla de nuestras aspiraciones buenas e inseguras, de los problemas ya señalados del estilo interpretativo. Sin embargo, quiero mencionar aún algunos puntos donde mejor pude expresar mis concepciones. En primer lugar el conflicto personificado, de aspecto humano, entre el Señor y Lucifer. Concebí la representación del Señor personificado a la manera de los dioses de las catacumbas de los cristianos primitivos, mostrándole como un joven tipo Apolo, 69

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