Bereczky Erzsébet (szerk.): Imre Madách: La Tragedia del Hombre. Ensayos sobre las di versas puestas en escena del drama (Budapest, 1987)

László Vámos: La representación de la Tragedia del Hombre al aire libre

las ventanas de la iglesia. El espacio de base frente a la catedral es oscuro. Cuando el Señor menciona ,,esos dos grandes árboles” por las dos torres interiores comienzan a trepar lentamente dos árboles - en relieve de cobre — y sobre el escenario aparece, iluminada, la primera pareja humana. A su vez, Lucifer, desde la altura de los ángeles baja a la tierra, visible todo su descenso. El Señor y los ángeles permanecen en su sitio también en el segundo cuadro. La transición del segundo al tercer cuadro es igualmente continua, en esta los ángeles y la aureola desaparecen. Lucifer hechiza un suelto sobre Adán y Eva, quienes se acuestan en el centro del escenario, por delante. Entre ellos y el público se eleva desde el escotillón - en posición de decúbito - una pareja de dobles hasta una altura de 60 metros. Adán y Eva se levantan lentamente y como por encanto de Lucifer se separan y se en­caminan hacia el sueño, donde ya está apareciendo Egipto. Adán se pone el manto de faraón y sube al trono. Las dos figuras durmientes desaparecen, pero vuelven a aparecer en cada cambio de escane, lo que incluso para el espectador que no conoce la pieza señala que se trata de un sueño y separa un cuadro del otro. Esta pareja de dobles durmiendo se encuentra iluminada permanente­mente, incluso cuando Adán y Lucifer discuten rompiendo la cadena de los sueños. En el centro de la bacanal romana se yergue la estatua de un fauno, en cuyas rodillas y en cuyo regazo se mueven bailarinas. Esta estatua se desintegra cuando a la derecha, encima de un edificio, en la azotea, aparece una cruz de unos ocho metros de altura, rodeada de una aureola, y desde lo alto baja un cortejo portando antorchas hacia los juerguistas del escenario: es el corte­jo fúnebre con el apóstol Pedro. Al final de la escena se abren las puertas del templo y Pedro el apóstol introduce a Adán en la iglesia. En Bizancio, bajo la cruz anterior está ardiendo una hoguera y el viento mueve sobre ella los cuerpos carbonizados de los herejes. Del templo sale el patriarca acompañado por altos prelados — la fé se convirtió en su antitesis —. En este cuadro utilizamos también la denominada Torre de Demetrio, procedente del siglo XIII, que se presta muy bien para representar el convento 61

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