Bereczky Erzsébet (szerk.): Imre Madách: La Tragedia del Hombre. Ensayos sobre las di versas puestas en escena del drama (Budapest, 1987)

Tamás Major: La moderna Tragedia del Hombre

LA MODERNA TRAGEDIA DEL HOMBRE En este mundo de constante desarrollo y cambio, el teatro lucha incesantemente por seguir la evolución del gusto estético del público, que vive en una sociedad cambiante y en continuo desarrollo, así como par satisfacer su legítima curiosidad, con las respuestas dadas a los interrogantes más escenciales de la vida. Pero puede quedarse a la zaga del desarrollo incluso con cien anos de atraso. Tal atraso presupone ideas anticuadas, ideologías obsoletas, formas de expresión gastadas. Es cosa peligrosa renovar „según la moda” sólo los recursos artísticos. Un montaje que de tal manera aspira a ser moderno, puede fácilmente caer en la trampa de tener pretensiones „mo­dernas” en sus aspectos exteriores, mientras que bajo la nueva apariencia ni siquiera intenta recuperar su vetusto atraso ideoló­gico. El que sólo con coluciones escénicas, con exterioridades quiera mantenerse a la vanguardia de la competencia, podrá al parecer recuperar atrasos de cinco o diez años, más nunca recuperará su verdadero atraso secular. Aquí falla incluso hasta el cálculo matemático. No se puede decir que a aquel que haya recuperado formalmente cinco años le quede entonces un atraso de noventa y cinco. — ¡Y cuántas producciones teatrales exitosas están caracterizadas por la anterior aseveración! ¿Qué significa, pues, ser moderno? Pienso que una novedosa y sugestiva creación teatral requiere de un doble esfuerzo. La primera tarea es indagar cómo y por qué fue moderno Imre Ma­dách en su propia época. Qué era lo que pensaba, qué era lo que quería transmitirle a sus contemporáneos, qué ideas despertó en ellos, qué debates suscitó entre su propio público. No es poca la labor investigadora que hace falta para descubrir al dramaturgo que aún no era „académico” ni se había convertido en „valor nacional”, sino era simplemente un hombre que expresó por primera vez sus pensamientos, frutos de su propia experiencia, cediendo ante la imperante necesidad de comunicarlos a los hombres de su tiempo. Como dijera él mismo, „mi obra puede ser 52

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