Bereczky Erzsébet (szerk.): Imre Madách: La Tragedia del Hombre. Ensayos sobre las di versas puestas en escena del drama (Budapest, 1987)

Gellért Endre: "Ah, lo oigo, el canto del porvenir"

¡Ah, lo oigo, el canto del porvenir! ALGUNOS PROBLEMAS DE DIRECCIÓN DE LA TRAGEDIA DEL HOMBRE La Tragedia del Hombre es un poema dramático. De ahí se desprende que se presentación teatral, junto a conservar la belleza poética de la Tragedia, deba buscar una solución escénica lo más dramática posible. Si la dirección tuviera dudas con respecto a la representabilidad dramática, podría desviarse en dos direcciones: montar la Tragedia bajo el ,,signo de lo poético”, de modo retórico, y convertir a los protagonistas, fundamentalmente a Adán y Lucifer en voceros, o bien, debido a la supuesta falta de dramatismo, hacer de ella un espectacular vaudeville histórico. Ambas soluciones van en detrimento de lo dramático. El objetivo de la puesta en escena actual es mostrar la lucha descrita por Madách entre el Senor y Lucifer, y entre éste y Adán, de la manera más aguda posible, en la vorágine de la acción. En el teatro la lucha dramática aparece siempre concentrad en forma de lucha entre los hombres. La lucha entre el Señor y Lucifer fue reflejada más o menos bien en los montajes anteriores. Pero incluso hoy en día existen interpretaciones según las cuales esta lucha estaría limitada al ,,marco” de la Tragedia, a los tres primeros cuadros y al último, y que, acentuando el carácter de sueño de los cuadros históricos se induce a los directores a mini­mizar y bagatelizar la lucha que se manifiesta a lo largo de los cuadros del sueño. Según esta concepción, durante los mismos Lucifer se halla por encima de la acción, está volando casi sobre los acontecimientos de manera trascendental, no hace más que comentar todo lo que está sucediendo, limitándose como sabio razonador a explicar los milagros. Tal concepción es contraria al espíritu de drama, de la Tragedia, en fin, al espíritu de Madách. Según Madách, la lucha entre el Señor y Lucifer se libra por el hombre. Durante los cuadros del sueño, un Lucifer muy hu­mano aspira a lograr sus objetivos en constante lucha con Adán. 42

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