Bereczky Erzsébet (szerk.): Imre Madách: La Tragedia del Hombre. Ensayos sobre las di versas puestas en escena del drama (Budapest, 1987)
Sándor Hevesi: La nueva Tragedia del Hombre
LA NUEVA TRAGEDIA DEL HOMBRE (Fragmentos) Hace más de cuarenta alíos que La Tragedia del Hombre se presentó por primera vez en las tablas del Teatro Nacional, bajo la puesta en escena de Ede Paulay. Desde entonces la manera de representarlo y el marco escénico del grandioso poema dramático no han sufrido cambios substanciales. ¿Cuál fue la esencia del primer montaje a cargo de Paulay? El que todos los cuadros de Madách — salvo el del Señor — se representaban como una serie de imágenes, siendo la primera de ellas el prólogo celestial. El cuadro del cielo era un cuadro como los demás y el cielo no volvía a aparecer más que al final del último cuadro, como un recorte en el telón de fondo, donde reaparecían los tres arcángeles que terminaban la obra. Los cuadros históricos — los del sue'ño — se sucedían como cuadros separados por grandes intervalos y no tenían conexión alguna con el Senor y el cielo. De tal modo, los cuadros del sueno se convertían forzosamente en un panorama histórico, en cuya pintoresca curiosidad no se podía descubrir en absoluto que en realidad se trataba aquí de la pugna de Dios con el Diablo por la posesión del Hombre. Esta idea no me dejó tranquilo durante alíos. Mo molestaba que esta obra, magnificamente concebida y poeticamente perfecta hubiera perdido en el escenario el fundamento y la hondura poética de la concepción original y maldecía al teatro por servir al poeta de manera tan torpe, imperfecta e incluso, mezquina. Mientras tanto me dedicaba a estudiar mucho el teatro y el drama medieval, leía numerosos misterios y autos sacramentales y me di cuenta de que La Tragedia del Hombre tenía una fórmula totalmente novedosa, lo cual era una buena solución por ser la más antigua y porque tocaba las raíces más profundas de la obra. Esta fórmula era la siguiente: cada misterio medieval empezaba con el prólogo celestial, como también La Tragedia del Hombre, e igual que en la obra de Madách era la lucha entre Dios 35