Bereczky Erzsébet (szerk.): Imre Madách: La Tragedia del Hombre. Ensayos sobre las di versas puestas en escena del drama (Budapest, 1987)
József Ruszt: Notas para la Tragedia
tencia que independientemente de su conciencia opera en él. Este es el núcleo de la edea madachiana y no „lucha y ten confianza”... El objetivo es la decisión la lucha es el método. Análisis de efectos y discernimiento de la obra Madách rebasa los marcos de toda obra de arte posible por haber cuestionado realmente lo que él quería y cuya respuesta también era desconocida para él. Asi él mismo llegó a ser víctima de un juego, limitando su reflexión a los marcos usuales de una obra literaria y esta limitación formal termina determinando el todo, por lo menos nuestra manera de enfoque. Creo que este gran juego „diabólico” es la génesis fundamental de la obra, de la misma manera en que Goethe jugara con la figura de Mefistófeles. En esto se parecen....Pero Lucifer soy yo y lo eres tú........Mefistófeles es aquel con quien uno se encuentra algunas veces....Mefistófeles es el otro......Lucifer soy yo. Según va avanzando el drama Lucifer descubre y define. Lucifer no tiene un programa concreto, sólo tiene situaciones. Su famosa frase de „soy el eterno y jurado aliado de los perdidos” no es más que cualquier otro cliché de la obra. Es un más necesario, igual que el árbol del pecado original. ¿Pues por qué están allá esos árboles en el centro, cuando ni siquiera el Señor sabe aún si Lucifer - ¡qué paradoja! - callará o se rebelará? Por otra parte ¡qué perfección! Lucifer quién sabe con qué derecho — tal vez con el dudoso derecho de ¡creamos juntos! — explica él mismo al Sefíor que ha creado algo — otra paradoja — de lo cual no tiene ni idea. Pues entonces ¡he ahí el drama! ¡He ahí la esquizofrenia del hombre! La situación prefabricada como idilio: el Senor y yo mismo. Es decir, yo como Lucifer, que es la materia que ha tomado conciencia, se analiza a si misma y pregunta: ¿Y para qué toda la Creación? Si no hubiera Dios, la Tragedia del Hombre sería una tragedia de verdad. Pero al existir Dios Nuestro Señor tenemos ya posibilidad de elección. La paradoja final de la obra es, por tanto, que se trata de la tragedia de un hombre materialista, por lo tanto algo muy triste. Pero como sabemos que 73