Bereczky Erzsébet (szerk.): Imre Madách: La Tragedia del Hombre. Ensayos sobre las di versas puestas en escena del drama (Budapest, 1987)

György Lengyel: Dos montajes de La Tragedia del Hombre

estreno se celebró en enero de 1981. En el otoño de 1982 se pre­sentó el segundo reparto, el 11 de octubre de 1983 se celebró la función número 110 de la obra. A mi entender, el punto de partida determinante de la actitud creadora del director reside en la elección de la obra a montar, en función de las afinidades y de las posibilidades de la realización. Durante los 22 años de mi carrera de director, aproximadamente la mitad de los dramas elegidos y por tanto dirigidos por mi, fueron obras que aún hoy me han seguido preocupando y cuyo mensaje y estilo siguen interesándome. La Tragedia, más allá de la motivación emocional del compromiso juvenil, me interesa en primer lugar como drama filosófico. Mi punto de partida fue el enfrentamiento de la obra surgida „en el limite entre dos épocas” con una tercera época, la de hoy, el replanteamiento de las cuestio­nes del drama acuciantes incluso en nuestro tiempo y momento. Para mi la Tragedia es una obra que interroga, en un sueno basado en la dialéctica de la duda y la esperanza, es un canto desgarrador sobre la historia húngara, sobre la humanidad, el destino del hombre, sobre la política y sobre el amor, sobre la relación entre el Hombre y Dios, el individuo y las masas. La considero una obra multifacética y por ello, lo más importante es reflejar sus contra­dicciones. Su estilo de actuación solamente puede formarse entretejiendo los más audaces cambios de estilo, con la mezcla de lo irónico y lo grotesco, del tono apasionado de la renovada fé y de la reflexión. Al emprender la tarea de la puesta en escena me sentí igualmente atraído por eos variantes de expresión. La primera fue la Tragedia concebida como una sucesión de visiones y vivencias oníricas, surgidas de la reaüdad húngara de los anos 1950-60. Y la segunda la Tragedia coco ceremonia, como rito, como un misterio moderno, cuyo eje filosófico es la unidad Señor — Lucifer — Adán. La primera concepción se hubiera basado también visual­mente, en la realidad húngara de la época como punto de partida, del cual hubiera arrancando la acción de la libertad y el surrea­lismo del sueno con las elecciones de la dialéctica y de la imagina­ción de Madách. Esta concepción unia el mundo del drama con la poesía de Vörösmarty y Arany, con los grandes poemas dramá­ticos de la época, y entre ellos, los insignes dramas románticos 68

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