Bereczky Erzsébet (szerk.): Imre Madách: La Tragedia del Hombre. Ensayos sobre las di versas puestas en escena del drama (Budapest, 1987)
Dr. Ferenc Kerényi: Un poema dramatico húngaro para al teatro universal
interpretaciones que se le había dado y en vez de los criterios de una obra de arte, centraron su atención en su mensaje filosófico. En tal sentido hablaron del carácter obsoleto de la visión del pueblo de Madách, del pesimismo de la obra y - recordando la concepción de misterio — de su clericalismo. El otro grupo de analistas marxistas insistieron ya desde los años cincuenta en la presencia orgánical de la tradición madachiana y en la importancia de esta presencia en el teatro y en la literatura por igual. Desde entonces, la nueva ola de éxitos internacionales de Madách, hubo de justificar a estos últimos con el paso del tiempo. El Teatro Nacional de Budapest hizo reposiciones de la Tragedia en 1947 y en 1955. Estos montajes se caracterizaron por el antagonismo entre el desarrollo, el enriquecimiento interpretativo y la escenografía. Lucifer aparecía como un personaje cada vez más activo, con presencia de hombre, quien llegó a convertirse en rival no sólo del Señor sino también de Adán en los distintos cuadros históricos. Adán y Lucifer recomenzaban la lucha siempre a niveles cada vez más elevados y en formas cada vez más diversas para llegar al triunfo de los ideales en el caso de Adán o para demostrar la inutilidad de estos ideales en el caso de Lucifer. En estas puestas en escena aumentó el papel de las masas forjadoras de la historia y los ideales de la época aparecieron en la formas de manifestarse la lucha de clases. Mientras los directores — Béla Both en 1947, Endre Gellért en 1955, Tamás Major y Endre Marton - basándose en el método de Stanislawsky aportaron muchos detalles nuevos, con excelentes interpretaciones de los actores, acentuando el carácter vivido de los cuadros históricos y la relación sicológica entre los personajes, el requisito del realismo de estilo, interpretado en un sentido estrecho resaltaba cada vez más el atraso de la escenografía húngara con respecto a las aspiraciones del teatro mundial. Para ilustrarlo, diremos que en 1955 Gusztáv Oláh trabajó en base a sus propios decorados diseñados en 1923 y 1926. Después de 1957 comenzó un nuevo período en los montajes húngaros de la Tragedia. El hfío de 1964 fue declarado por el Consejo Mundial de la Paz fiesta internacional con motivo de cumplirse el centenario de la muerte de Madách, lo que volvió a 31