Folia Theologica et Canonica, Supplementum (2016)

Kinga Vadász, Preguntas y desafíos canónicos en relación con los movimientos eclesiales y nuevas comunidades

236 KINGA VADÁSZ por el moderador, para evitar la confusión con la profesión en los institutos de vida consagrada1"". M. Areitio afirma también que la especificidad de la vida consagrada consiste en la forma consagrada vivir los consejos evangélicos, que significa, además de la práctica de ellos, su profesión por medio de voto u otro vínculo sagrado, la consagración por medio del ministerio de la Iglesia y la incorporación en un instituto de vida consagrada. No existe vida consagrada sin la presencia de los factores teológicos y canónicos juntos101. Otra objeción de Navarro es que la vivencia de la pobreza, castidad y obe­diencia como manifestaciones de la radicalidad de la vida cristiana no convierte a las personas en consagrados. El seguimiento de Cristo es propio a todos los fieles y tiene muchas formas102. M. Areito dice también que no hay que olvi­darse de lo que el Concilio Vaticano II afirmó como llamada universal a la san­tidad (LG 40) y el estado de vida consagrada no supone un privilegio o una dig­nidad diferente respecto a los demás fieles103. Por eso es importante discernir cuándo se trata de una verdadera vida con­sagrada en un movimiento y cuándo podemos hablar más bien de formas de radicalismo cristiano. J. Gonzalez Ayesta pone tres límites infranqueables más allá de cuales no cabría hablar de vida consagrada en sentido estricto: la esta­bilidad (y la perpetuidad intencional de la opción), la castidad en el celibato, y plena pertenencia a la Iglesia Católica104. Según Navarro el criterio principal de distinción es el estilo de vida proveniente del carisma. En los casos dudosos se puede recurrir a la voluntad del fundador.105 El estado de vida consagrada sig­nifica una cierta separación, distinción respecto a los demás, también en el esti­lo de vida. El estado laical significa vivir una vocación secular100. Es decir el “ Ibidem. 56. 101 Areitio, M., Asociaciones de fieles y vida consagrada. 151. Sobre esto la opinión de M. Delgado: “Sólo Cristo puede ser considerado como el único paradigma de la vida cristiana. Es precisamente Jesús a quien el cristiano tiene que intentar imitar durante su vida con todas sus fuerza, tal como El nos lo recomendó: «Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas» (Mt 11,29). Así pues, cualquier intento de atribuir un valor paradigmático a un estado de vida determinado (vida consagrada, ministerio ordenado, vida laical) tendría que ser revisado en modo adecuado, porque precisamente «la santidad no depende del estado - soltero, casado, viudo, sacerdote -, sino de la personal correspondencia a la gracia, que a todos se nos concede.” Delgado Galindo, M., Il dono di sé nei movimenti eclesiali, in Vita Consacrata 46 (2010) 210. 102 En el Catecismo de la Iglesia Católica se distingue también entre profesar y practicar los conse­jos evangélicos y la necesidad de practicarlos según la vocación de cada uno. Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 915 y 1974. 103 Areitio, M., Asociaciones de fieles y vida consagrada, 152. 104 Gonzalez Ayesta, J., Líneas maestras de la normativa del CIC 83 sobre la vida consagrada y algunas cuestiones actuales en esta materia, in Ius Canonicum 49 (2009) 112. 105 Cfr. Navarro, L., Aspectos canónicos de la consagración, 23. 106 Cfr. ChL n. 30: “La condición eclesial de los fieles laicos se encuentra radicalmente definida por la su novedad cristiana y caracterizada por su índole secular.”

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