Bereczky Erzsébet (szerk.): Imre Madách: La Tragedia del Hombre. Ensayos sobre las di versas puestas en escena del drama (Budapest, 1987)

József Ruszt: Notas para la Tragedia

nosotros somos Dios Nuestro Sefior, huimos de la conciencia de la tragedia materialista y buscamos a Dios, si se quiere en los mismos términos necios con los que el mismo Sefiíor consuela a Adán en el ultimo cuadro. El problema es irresoluble y en ello está, pre­cisamente, la enialidad — no filosófica — sino dramática de la obra. Estructura dramaturgica Solamente podremos entender la estructura dramaturgica del drama si entendemos la idea más profunda de Madách.....Crear el ritual del mito de la creación. Por un lado porque ese el el mito vigente de la época y por otro porque es con el que Madách quiere „buscar camorra”. Pero luego — ¡y he ahí la trampa! — no puede desecharlo, pues entonces ¿con quién buscaría camorra? „... y la negación sabrá medrar y crecer a tal punto que podrá abatir tu mundo”. ¿Quién dice ésto? ¿Quién podría decirlo? En sentido dramático lo podría decir cualquiera. Pero a nivel filosófi­co ¿quién se lo diría a quién? ¿Lo diría Lucifer? ¡Lo dice Madách! ¿Lo dice el Señor? ¡Lo dice la obligación de la cosmogonía religiosa! Si lo dice Lucifer, lo digo yo.... Y decídelo tú, Adán, decide lo que vas a crrerme. Lucifer le dice a Adán que Dios no existe, sólo Tú y Yo. Ese „TU” fuera de mi siempre busca una alternativa..... Como también YO busco siempre alternativas, y a cuántos hombres tantos Adanes, a cuantas mujeres tantas Evas. Yo soy la esencia, Yo, Lucifer....Y si se quiere el Espíritu Santo, en la mitología católica dividida en tres, el „secreto” entre el Padre y el Hijo: Ese soy yo..... Los papeles se confunden: Adán es el Hijo del Padre, Lucifer es el Espíritu Santo y Lucifer es el Hijo después del Padre, como lo es Cristo después de Jehová, en el cristianismo. O, si se quiere, Caín y Abel, los dos primeros hijos de Adán, es decir, de la huma­nidad. Se trata pues de una pasión, es la pasión según Adán, es mi pasión que yo celebro para mí, porque mi propia conciencia his­tórica en vano interroga una y otra vez, de nuevo, yo vuelvo a empezar una y otra vez, porque Adán es Hijo, porque a la pregunta 74

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