Bereczky Erzsébet (szerk.): Imre Madách: La Tragedia del Hombre. Ensayos sobre las di versas puestas en escena del drama (Budapest, 1987)

Gellért Endre: "Ah, lo oigo, el canto del porvenir"

¿Dónde está aquí el entusiasmo del faraón, su anhelo de lo nuevo? Las últimas palabras de Adán acentúan más bien su do­lorosa desilusión, y al aludir a la corta vida, la embriaguez y los placeres, él mismo juzga con cierto menosprecio el futuro, de una manera muy poco optimista. Y se trata de su propio futuro. Porque mientras el faraón lucha por los hombres, por la humani­dad, Miltiades, desilusionado del no consumado ideal de la libertad sólo se ocupa de sí mismo. Esta dualidad está presente durante toda la Tragedia. Adán ora lucha por los grandes ideales de la hu­manidad, y entonces galopa entusiasmado hacia lo nuevo, ora busca exclusivamente su propia felicidad y bienestar. En este caso su voz es la del hombre dolorosamente decepcionado y su impulso hacia lo nuevo es más bien la fuga de los ideales no realizados. A Sergiolus no lo satisfacen las bacanales romanas: ¡Morir pequeñamente. para nada, na habiendo conocido más que el dolor! Si Dios existe... Si él nos gobierna y se interesa por nosotros, que su clemencia envíe sobre esta tierra un nuevo pueblo, un nuevo ideal, el uno para regenerar la sangre corrompida del hombre, y el otro para que abra caminos a las aspiraciones de las almas nobles. Todo cuanto es nuestro está corrompido, gastado, ¡yo lo siento! Y no tenemos la fuerza requerida para engendrar un nuevo universo. ¡Escúchanos, escúchanos, Dios, todopoderoso! El nuevo ideal está encamado por Pedro el Apóstol, quien profesa la fraternidad, la liberación del individuo, la doctrina del Amor. Y Adán dice así: ¡Ah, quiero luchar con todas mis fuerzas por esta doctrina! Ah, quiero crear 45

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