Bereczky Erzsébet (szerk.): Imre Madách: La Tragedia del Hombre. Ensayos sobre las di versas puestas en escena del drama (Budapest, 1987)
Dr. Antal Németh: Una vida al servicio de La Tragedia del Hombre
montar la Tragedia. El estreno se celebró el 15 de abril de 1937 y me brindó la posibilidad para comprobar si mi concepción era correcta y efectiva. Al examinar la estructura de la obra, me di cuenta de que entre las escenas del sueno de Adán los cuadros históricos impares — el primero, el tercero y el quinto — pese a la presencia de varias figuras de fondo, eran esencialmente pequemos dramas de cámara, que se desarrollaban entre pocos personajes. La escena egipcia está interpretada básicamente por cuatro personas, la escena de Roma, esa „dolce vita” de la Antigüedad tiene lugar entre un reducido grupo de personas y en Praga, fuera del triángulo del drama de adulterio de Kepler, el emperador Rodolfo y el fámulo Lucifer solamente aparecen por instantes. Me molestaba siempre que los protagonistas estuvieran rodeados por un inmenso escenario vacío, cuyo espacio los directores o escenógrafos trataban de llenar con figurantes desilusionantes y con multitud de bastidores completamente superfluos. Por ello, yo concebí un espacio escénico que aumentaba o disinuía en armonía con las altas y bajas del drama. Con tal efecto, mandé levantar una construcción en forma de torre sobre el escenario giratorio, de manera exaxial y esta torre, según las fases de rotación, se hallaba ora adelante, ora a la derecha, ora a la izquierda, o bien al fondo, y podía adoptar las formas más variadas gracias a los elementos de decorado que podian descender en instantes desde el telar de las bambalinas. En Londres la misma era la torre del Tower, en torno a la cual se situaba el barullo de las tiendas de la feria o bazar, en cantidad mucho mayor a la indicada por Madách, tiendas ante las cuales Adán y Lucifer se detienen por unos minutos. De esta manera, el cuadro de la feria resultaba sumamente vivo y en vez de la pseudoanimación de los figurantes dando vueltas, desfilaba ante los espectadores la animada feria en si, gracias al escenario rotatorio. Esta idea técnica aumentó enormemente el efecto de la danza macabra que concluye la escena de Londres. En ese montaje contaba con el concurso inapreciable del coreógrafo y bailarín Aurél Millos. De origen húngaro, Millos era un artista de fama europea quien, aprovechando los logros de los sistemas danzarios posteriores a Djiaghilev revolucionó el ballet 39