Folia Theologica et Canonica, Supplementum (2016)

Kinga Vadász, Preguntas y desafíos canónicos en relación con los movimientos eclesiales y nuevas comunidades

238 KINGA VADÁSZ Iglesia que llevaría la desnaturalización de cada uno de ellos y se perdería la complementariedad"2. 2. Los miembros casados La atracción de la vivencia radicai del seguimiento de Cristo y la dimensión comunitaria de la vivencia del carisma ha llevado a la situación particular de aquellos miembros casados que quieren recurrir a la figura del consagrada. Esto se da en dos modalidades: hay matrimonios que se comprometen a los tres con­sejos evangélicos, incluido el de la castidad en modo total, y se conserva sólo externamente la formalidad del matrimonio y la convivencia familiar, o la otra modalidad es cuando el matrimonio se compromete a vivir los consejos evangélicos como actitud de vida y específicamente la castidad según su estado de vida y en una perspectiva más de tipo espiritual112 113. Para el discernimiento sobre estos casos hay que tomar en cuenta lo siguiente: En cuanto a la vida consagrada de los cónyuges: el Papa Juan Pablo II afirma explícitamente114 que los matrimonios quedan fuera de la vida consagrada en sentido estricto, porque aunque pueden hacer promesa o voto de castidad115, deben hacerlo según su estado, y por tanto, no pueden hacer voto de castidad perfecta, que es uno de los elementos teológico-canónicos que definen el estado de vida consagrada. 112 “Otro aspecto que hay que destacar está unido a la necesidad de mantener la diferencia entre los estados de vida del cristiano (VC, 4/b), aunque se subraya una vez más la existencia de la vocación común de todos los christifideles anclada en el sacramento del Bautismo. En caso contrario, se correría el riesgo de caer en continuos malentendidos en perjuicio de la identidad tanto de los fieles laicos como de los fieles consagrados. El resultado, para nada deseable, sería una desnaturalización de ambos estados de vida, que dejaría sin contenido y sin razón de ser la verdadera y auténtica vida consagrada. Los tres estados de vida del cristiano: laicado, sacerdo­cio ministerial y vida consagrada, están llamados a relacionarse en un modo complementario, pues son modalidades diferentes, con la misma dignidad y vocación universal cristiana a la san­tidad en la Iglesia.” Delgado Galindo, M., Il dono di sé nei movimenti eclesiali, 222. 113 Cfr. Zadra, B., Il movimenti eclesiali, 83-84. 114 Cfr. Vita Consecrata, n. 62: “En virtud de este mismo principio de discernimiento, no pueden ser comprendidas en la categoría específica de vida consagrada aquellas formas de compromiso, por otro lado loables, que algunos cónyuges cristianos asumen en asociaciones o movimientos eclesiales cuando, deseando llevar a la perfección de la caridad su amor «como consagrado» ya en el sacramento del matrimonio, confirman con un voto el deber de la castidad propia de la vida conyugal y, sin descuidar sus deberes para con los hijos, profesan la pobreza y la obediencia. Esta obligada puntualización acerca de la naturaleza de tales experiencias, no pretende infra­valorar dicho camino de santificación, al cual no es ajena ciertamente la acción del Espíritu Santo, infinitamente rico en sus dones e inspiraciones”. 115 Heredia hace una presentación histórica y teológico sobre la castidad conyugal como vínculo sacro y llega a la conclusión de que bien no siendo “consagrados” los matrimonios que se dedi­can plenamente al apostolado del movimiento viven un cierto radicalismo de vida evangélica; cfr. Heredia, C. I., La naturaleza de los movimientos eclesiales en el derecho de la Iglesia, 142-149.

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