Folia Theologica et Canonica, Supplementum (2016)
Kinga Vadász, Preguntas y desafíos canónicos en relación con los movimientos eclesiales y nuevas comunidades
232 KINGA VADASZ 1. Participación de religiosos en los movimientos Los miembros de los institutos de vida consagrada también tienen el derecho de participar en asociaciones de fieles a tenor del c. 307 §3. Así la mayoría de los movimientos eclesiales, siendo asociaciones de fieles ofrecen su carisma a los religiosos y miembros de institutos seculares. La vinculación de ellos a los movimientos eclesiales puede tener dos fuentes: o porque descubrieron su llamado a la vida religiosa o al instituto secular dentro del movimiento o porque entraron en contacto con el movimiento (casos semejantes a los clérigos). Las experiencias en los movimientos presentan muchos aspectos positivos, como por ejemplo la renovación espiritual del miembro o la apertura de horizontes en la misión, y a nivel de comunión eclesial no presentan ningún problema. Las dificultades se han creado más bien a nivel personal donde puede llegar a una doble pertenencia, doble jerarquía, doble espiritualidad y doble apostolado, en fin una cierta duplicación de vida82. Por eso ya el Papa Juan Pablo II advirtió que la participación en los movimientos puede crear “malestar y desorientación a nivel personal y comunitario, sobre todo cuando tales experiencias entran en conflicto con las exigencias de la vida comunitaria y de la espiritualidad del propio Instituto. Es necesario por tanto poner mucho cuidado en que la adhesión a los movimientos eclesiales se efectúe siempre respetando el carisma y la disciplina del propio Instituto, con el consentimiento de los Superiores y de las Superioras, y con disponibilidad para aceptar sus decisiones”83 La instrucción sobre la vida fraterna emitida por la CIVCSVA reconoce que “los movimientos pueden constituir un desafío fecundo para la comunidad religiosa, para su tensión espiritual, la calidad de su oración, la audacia de sus iniciativas apostólicas, su fidelidad a la Iglesia y la intensidad de su vida fraterna (...) La gran tradición espiritual - ascética y mística - de la vida religiosa y del instituto puede ser útil también para los nuevos movimientos”84. Sin embargo, aquí también se señala que el problema surge a nivel personal cuando el miembro del instituto religioso empieza a vivir más para el movimiento que para el propio instituto y se crea conflicto de identidad. “La participación a un movimiento será positiva para el religioso o la religiosa si refuerza su identidad específica” - afirma la Instrucción85. En base a estas orientaciones y de las experiencias que se han ido dando, M. Areitio ofrece algunos criterios para discernir la conveniencia de la pertenencia de un miembro de un instituto de vida consagrada a un movimiento eclesial: la afirmación de la clara identidad vocacional de la persona consagrada en su 82 83 84 85 Cfr. Favale, A.. Religiosi, movimenti eclesiali e nuove comunità, in Religiosi in Italia 6 (2001) 30-31. VC n. 56. Cfr. CIVCSVA, La vida fraterna en comunidad, n. 62 Ibidem.